jueves, 12 de enero de 2017

VIAJE AL FIN DE LA NOCHE

A Marcos Ana


27 de enero de 1971. Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. Todavía era de noche cuando partimos hacia Auschwitz. Marcos Ana, Pablo Neruda y yo íbamos en un jeep. Durante el trayecto una periodista rubia y de rostro dulce nos acompañó para entrevistar a Marcos Ana: comenzaste a militar en las Juventudes Socialistas Unificadas de Alcalá de Henares. Fuiste detenido tras la guerra y condenado a muerte por crímenes que no habías cometido. Se te conmutó la pena de muerte y estuviste 23 años en las cárceles del franquismo. Luego te fuiste al exilio e hiciste una amplia labor de difusión sobre la dictadura franquista. Sabemos lo que piensa Federico Sánchez y Pablo Neruda pero… ¿qué significa para ti la visita al campo de concentración de Auschwitz?




Marcos Ana esbozó una sonrisa triste mientras desvió la respuesta explicando que los tres acudíamos a la efeméride por ser miembros del Consejo Mundial de la Paz y que cada uno era el representante de su país natal. En mi caso, aún siendo español, estaba como delegado de Francia. Pablo Neruda y yo mirábamos por las ventanas del vehículo en silencio, ajenos a la conversación entre la joven y Marcos Ana. Conforme nos acercábamos al punto de llegada comenzaba a clarear el día. El sol se asomó por encima del valle, como por arte de magia, justo en el instante que bajábamos del jeep. Sólo se oía el silencio. A todos nos había sorprendido ver aquel lugar bucólico. Entonces asocié en mi memoria las primeras  imágenes y palabras del documental Noche y niebla realizado por mi amigo Alain Resnais: Incluso un paisaje tranquilo, incluso una pradera con cuervos volando, cosechas y rastrojos quemados, incluso una carretera por donde van coches, campesinos, parejas, incluso un pueblo de vacaciones, con su feria y su campanario, pueden conducir a un campo de concentración…




La periodista permaneció en el jeep mientras nosotros caminábamos turbados hacia la puerta principal del campo de exterminio. Al divisarla los tres levantamos la cabeza para leer mentalmente la frase que coronaba aquella entrada: Arbeit macht frei. Entonces la pronuncié en alemán, en voz alta, y la traduje: El trabajo libera. Traté de explicarles que la frase era deliberadamente ambigua porque sugiere no sólo que el esfuerzo libera a las víctimas sino que además la ocupación nazi pretendía ejecutar el premeditado asesinato masivo en los opositores al régimen, librepensadores, judíos, masones, gitanos, comunistas, negros, homosexuales, mestizos, discapacitados, enemigos de guerra, cristianos… El lema se utilizó en los campos de trabajo y de exterminio durante el nazismo como irónica y cínica bienvenida a los presos. Si observáis la letra B de la palabra Arbeit (trabajo) está invertida. Al parecer los prisioneros de dicho campo aseguraban que fue un símbolo de protesta del compañero de cautiverio Jan Liwacz, que como cerrajero artístico se encargó de poner la frase.

Estuvimos un largo rato en silencio. Pablo Neruda y Marcos Ana se miraron afligidos…Traté de alejarme de ellos pero Marcos Ana me avisó: no, Federico, no hace falta que te vayas… Me quedé mirándole a sus ojos gastados por el tiempo, aquellos ojos que, como yo, habían vivido la Shoah. Entonces Marcos Ana comenzó a llorar. Pablo Neruda se acercó a él y le rodeó con sus largos y fornidos brazos. Como si fuera un niño grande su voz desprendió una inmensa ternura mediante una prosodia lenta y calmada: Marcos, es increíble que a un hombre como tú todavía le queden lágrimas.





Pablo Ferrando García

lunes, 28 de noviembre de 2016

LIBRE

No sé lo qué es ser libre. Sé lo que es no serlo,  no voy a pensar en la falta de libertad
que cada día tengo que abordar.

Quienes son libres son los niños/as a la hora de que su imaginación vuele y vuele, 
para imaginarse los juguetes que, misteriosamente,  llegarán a sus casas por navidad traídos en camellos o en trineos.



Ahora os cuento la carta de mi nieto MATTHIEU


1 Un coche de volteretas.
2 Caballo coche.
3 Coche lobo.
4 Caballo con botón y ruedas.
5 Coche hiena con mando.
6 Coche elefante.
7 Patinadores con mamá y bebé.

Yo le dije  que algunos no están inventados pero el es LIBRE de pensar.

Carlos Aguilar

miércoles, 16 de noviembre de 2016


TU SONRISA

Me ha sorprendido tu sonrisa. Ha aparecido entre el gris de mi vida, como un vibrante rayo de luz cortando nubarrones de tormenta. Me ha atrapado en ese instante y sólo deseo volverla a sentir acariciando mi rostro. Ya no anhelo nada más, ese milagro es tan valioso que puede llenar todos mis minutos.

Atesoraba tu risa infantil en mi recuerdo y tu ausencia aún me hería más. Hoy he sentido tu amor y, aunque ya no podré levantarme de nuevo de esta dura cama de hospital, siento que por fin vuelo entre el mar y el sol.



Cruz Ferrando


martes, 25 de octubre de 2016

SORPRENDIDA/O



No sé cuánto tiempo Kasperle está en funcionamiento, ni cuánto tiempo pertenezco yo, ni qué mes, ni nada de nada... ni cuando os incorporasteis vosotros, ni en qué orden. No sé los que han desaparecido del mapa, los que vinieron, dejaron un poso y no pueden continuar, ni los que aparecen y desaparecen, como el Guadiana.





Lo que sí sé es lo que a mí me afecta y es positivo a tope, veo que no nos hemos enfadado, ni intoxicado, ni arruinado, ni separado, ni nada de nada... Se ve que estamos bendecidos.

SORPRENDIDO ESTOY de que en estos tiempos, en que los políticos nos hacen un máster catastrófico en cómo comportarnos, nosotros sigamos creciendo y no en número sino en CALIDAD. ¿Quién lo iba a decir?





Sorprendido y muy sorprendido de que, por mucho que lea, sigo teniendo las mismas faltas de ortografía, será que estoy bendecido.


Carlos Aguilar


lunes, 10 de octubre de 2016

HOY EMPIEZA TODO

Era la primera vez que ya no estaba al cuidado de mis padres, fue una tragedia para mí. Cuando entré en el aula me sentía abandonado y comencé a llorar. El maestro se acercó, trató de tranquilizarme con palabras afectuosas. Invitó a sentarme en un pupitre al ver que estaba más tranquilo. Acto seguido nos pidió a toda la clase que, uno a uno, nos presentáramos y luego contásemos un chiste. Yo no sabía qué era eso de contar un chiste. Escuché con atención a los compañeros que me precedieron y comprendí que se trataba de narrar un breve relato jocoso. Cuando llegó mi turno me presenté y relaté la historia del soldadito de plomo alterando la parte final: los niños le cortaban el otro pie. Al finalizar los compañeros se quedaron en silencio, sentí una enorme decepción. Era mi primer día de colegio, aprendí lo que era un chiste y a tomar la iniciativa sin contar con mis padres.




Pablo Ferrando García

EL ALCALDE

Por la calle pasa el alcalde. Sereno vuelve de comprar la barra de pan. Son las ocho y veinte. Hoy toca el horno la espiga, mañana irá a la panadería de la Inés. El miércoles la barra la habrá hecho Juan el cojo el de Panes Impares de la esquina Doctor Zamenof. Cada día el alcalde compra el pan en un despacho diferente. La confitería de la plaza la deja para el domingo. Es la única que abre en festivos. Nadie sabe qué pan prefiere. Él lo compra, lo coloca bajo su brazo siempre en la misma posición y camina. De vuelta a casa se para frente a quien le pregunta. Y a veces, en la parada, su cabeza se enrola en la nube de aroma a recién cocido. Entonces el alcalde saliva. A veces se le mancha la manga de harina. A veces llueve. Pero sólo una vez se le ha visto arrancar la punta de la barra de a cuarto y llevársela a la boca en medio de la calle. Fue en la esquina de la calle Colón con Botánico Cabanilles. Aquella noche el alcalde no había dormido bien y por la mañana era un hombre hambriento.



Amparo Juliá



A Carlos Aguilar, inspirador de este minirrelato.

DON PABLO

Julio de 1956. Merodeaba por la Torre de Madrid de la Plaza de España. Había quedado en aquel lugar con Don José Isbert para hacerle una entrevista. Cuando llegó me estrechó la mano y accedimos a la cafetería del rascacielos. Estaba nervioso, me inspiraba mucho respeto el actor y llevaba poco tiempo de crítico de cine. Antes de comenzar a preguntarle por su profesión se me ocurrió contarle el sueño que tuve la noche anterior: me encontraba en la Facultad de Derecho, de la Universidad Complutense. Los compañeros del aula no dejaban de observarme y no comprendía la razón. La profesora entró, pasó lista y al pronunciar mi nombre, me levanté, hice un gesto reverencial inclinando ligeramente el tronco al tiempo que le corregí a la mujer en un marcado acento afrocubano: no, señora, no me llamo Pablo Ferrando García, sino Pablongo, para servirla.



 Al lado mío estaba sentado un señor calvo, bajito, narigudo y con un timbre de voz rasgado. Iba vestido de esquimal y en su mano derecha sujetaba con una cuerda a un pastor alemán. Sonrió y al sentarme de nuevo dijo que no era racista en el momento en que advertí que mi piel era negra. El hombre disfrazado de esquimal era inventor, estaba buscando la radio para ganar un concurso. Decidí acompañarle al concluir la clase. Cogimos un autobús público y enseguida nos dimos cuenta que nos habíamos perdido. Sin saber porqué nos hallábamos en Villar del Río. Al bajar del transporte público el inventor se despidió y cogió, de forma apresurada, el taxi de un hombre llamado Toni. Al alejarse vi a un hombre narigudo que tenía el mismo grano de voz que el inventor disfrazado de esquimal. Llevaba un sombrero cordobés y vestía de andaluz. Se me acercó para saludarme aguzando el oído izquierdo con su audífono: hola, me llamo Don Pablo, soy el alcalde del pueblo. Y como alcalde que soy te debo una explicación y esa explicación es la que como alcalde que soy, te la voy a dar… Me quedé atónito. Comencé a reírme y estas risas se confundieron con las del actor en la cafetería de la Torre de Madrid.



Pablo Ferrando García