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domingo, 22 de mayo de 2016

DEMASIADO


“Demasiado” es un adjetivo que no me gusta. Es tibio y pusilánime. Para lo bueno no alcanza. ¿No es estúpido intuir que pueda haber en alguna ocasión demasiado amor, demasiadas risas, demasiada ternura, escucha, pasión, complicidad, entusiasmo, ilusión, música, sentir…? Y para lo malo es anodino ¿demasiado dolor, miedo, frío, oscuridad  en lugar de un dolor desgarrador, un miedo atroz, un frío atenazante o una oscuridad abismal…?

Tolero “demasiado” cuando se emplea para la ocasión perdida, la oportunidad de vivir algo que dejamos pasar:

Cuando decidí amarle ya era demasiado tarde, sus ojos miraban en otra dirección.




Aunque si quitamos “demasiado” en la frase anterior tampoco perderíamos demasiado.


Cruz Ferrando

miércoles, 20 de abril de 2016

DEMASIADO



Alicia era una adolescente de 16 años, alta, delgada y muy inquieta, con muchas ganas de vivir, que llevaba 8 años como alumna de un colegio de monjas donde el tiempo parecía haberse paralizado. Ella siempre se repetía:

   -DEMASIADO largo, esto no acaba nunca, aquí no ocurre nada nuevo.



Su única liberación era pedir permiso para ir al lavabo mientras estaba en clase y así poder corretear, saltando como una gacela libre, por los largos, amplios y solitarios pasillos de aquel antiguo palacete que era su colegio.

Esa sensación de libertad la acompañó toda su vida al igual que la palabra demasiado.

Ahora a sus 91 años siempre se repetía:

   -DEMASIADO... (esta vez) corto.


Mª José Roig

DEMASIADO


Demasiado corazón, es lo primero que me viene a la cabeza y me ha costado un poco adivinar por qué, después me acordé de la salsa pero la de bailar. Sí, la de bailar, pero salsa de NY, si, de Manhattan, de Willie Colon, el compadre del panameño Rubén Blades, si, el de Pedro Navajas.




No sé si bailas o si bailas salsa. Yo sé que Paco Palanca baila, pero el que sí baila es Mac, una salsa “arrastrá” de esa que te mueves poco pero te mueves “acompasao”, haciendo que tu pareja goce y se luzca, que de eso se trata.

Me acuerdo de una noche que fuimos a un antro que se llamaba “A mover tu culito”. ¡Auténtico! no sé si gozas más bailando o viendo. ¡Qué tiempos coño, qué tiempos!


Pues sí, “Demasiado corazón” es una salsa y os invito a bailar. Bailar quita todos, o casi todos, los males que es de lo que se trata. 





Carlos Aguilar